Miercoles IX Semana de Tiempo Ordinario

Miercoles IX Semana de Tiempo Ordinario

June 03, 20264 min read

Miercoles IX Semana del Tiempo Ordinario-Ciclo A

Memoria de San Carlos Lwanga y Compañeros Mártires

3/Junio/2026

Evangelio y Reflexión Diaria desde la Catedral

🎧 Escucha el Evangelio de hoy

Evangelio según san Marcos (12,18-27):

«No es Dios de muertos, sino de vivos.»

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron:

«Maestro, Moisés nos dejó escrito que, si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero no hijos, se case con la viuda y dé descendencia a su hermano.

Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. El segundo se casó con la viuda y murió también sin hijos. Lo mismo el tercero; y ninguno de los siete dejó hijos. Por último murió la mujer.

Cuando llegue la resurrección y resuciten, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete han estado casados con ella.»

Jesús les respondió:

«¿No estáis equivocados precisamente porque no comprendéis las Escrituras ni el poder de Dios?

Cuando resuciten de entre los muertos, ni los hombres ni las mujeres se casarán, sino que serán como los ángeles del cielo.

Y acerca de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en el episodio de la zarza, cómo le dijo Dios:

"Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob"?

No es Dios de muertos, sino de vivos.

Estáis muy equivocados.»

Palabra del Señor.

R/. Gloria a ti, Señor Jesús.


✨Reflexión:

Queridos hermanos y hermanas, bienvenidos al Evangelio de hoy.

El Evangelio de hoy nos presenta un encuentro entre Jesús y los saduceos. Este grupo religioso aceptaba únicamente los primeros libros de la Biblia y no creía en la resurrección de los muertos. Por eso intentan ridiculizar a Jesús planteándole un caso exagerado y complicado sobre una mujer que había tenido siete maridos.

Sin embargo, Jesús no entra en discusiones inútiles. Va directamente al corazón del problema: ellos no conocen verdaderamente las Escrituras ni el poder de Dios.

Y aquí encontramos una enseñanza muy actual.

También hoy vivimos en un mundo que muchas veces limita la realidad únicamente a lo que puede ver o tocar. Se habla de éxito, dinero, tecnología y bienestar material, pero con frecuencia se olvida la dimensión eterna de la vida.

Cristo nos recuerda que hemos sido creados para mucho más que unos pocos años sobre esta tierra. Nuestra existencia no termina en el cementerio. Nuestro destino final es la vida eterna junto a Dios.

Esta certeza cambia completamente la manera de vivir.

Cuando sabemos que la vida tiene un sentido eterno, aprendemos a relativizar muchas preocupaciones que nos quitan la paz. Comprendemos que el amor verdadero nunca muere. Entendemos que nuestras buenas obras tienen valor eterno. Descubrimos que nuestras cruces y sufrimientos, unidos a Cristo, pueden convertirse en camino de santificación.

Hoy celebramos además a San Carlos Lwanga y sus compañeros mártires de Uganda. Eran jóvenes que prefirieron perder la vida antes que renunciar a su fe en Cristo. ¿Qué les dio esa fortaleza? Precisamente la certeza de que la muerte no tiene la última palabra.

Ellos sabían que Cristo había resucitado y que quienes permanecen fieles al Señor participan también de su victoria.

La Pascua que hemos celebrado hace pocas semanas continúa resonando en este Evangelio. Cristo ha vencido el pecado y la muerte. Por eso los cristianos no vivimos dominados por el miedo, sino sostenidos por la esperanza.

Hoy el Señor nos invita a levantar la mirada. A no quedarnos únicamente en las preocupaciones del presente. A recordar que somos peregrinos hacia la casa del Padre.

Pidámosle la gracia de vivir cada día con esa esperanza. Que nuestras decisiones, nuestros proyectos y nuestras relaciones estén iluminados por la certeza de que Dios nos llama a la vida eterna.

Porque nuestro Dios no es Dios de muertos.

Es Dios de vivos.

Y quienes viven unidos a Él jamás serán defraudados.

Amén.


🙏 Oremos

Señor Jesús, aumenta nuestra fe en la resurrección y en la vida eterna. Ayúdanos a vivir con la mirada puesta en el cielo, sin perder la esperanza en medio de las dificultades. Que el ejemplo de los mártires fortalezca nuestra fidelidad y nuestro amor por ti. Amén.


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