La Ascensión del Señor

Domingo VII Semana de Pascua

May 17, 20263 min read

Domingo VII Semana de Pascua-Ciclo A

16/Mayo/2026| Evangelio y Reflexión

Evangelio según San Mateo 28, 16-20


«EN aquel tiempo, los once discípulos se fuerona Galilea, al monte que Jesús les había indicado.

Al verlo, ellos se postraron,pero algunos dudaron.

Acercándose a ellos, Jesús les dijo:

«Se me ha dado todo poder en el cieloyen la tierra. Id, pues, y haced discípulos atodos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo;enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.

Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos»..».

Palabra de Dios

Reflexión:

Queridos hermanos y hermanas, bienvenidos al Evangelio de hoy.

La Ascensión del Señor podría parecer, a primera vista, una despedida. Jesús asciende al cielo y los discípulos quedan mirando hacia lo alto, quizá con mezcla de asombro, emoción y también incertidumbre.

Pero en realidad, la Ascensión no es una despedida ni una ausencia.
Es ahora una nueva manera de presencia.

Cristo no abandona no nos abandona. Al contrario, ahora su presencia alcanza todos los tiempos, todos los lugares y todos los corazones. El Señor resucitado sigue caminando con nosotros en medio de nuestra historia.

Por eso el Evangelio de hoy comienza con una escena muy humana:
“Algunos dudaron.”

Qué consolador es escuchar esto. Incluso aquellos discípulos que habían visto a Jesús resucitado todavía luchaban con sus dudas y temores. Y sin embargo, Jesús no los rechaza. No los humilla. No busca discípulos perfectos; busca corazones que estén dispuestos.

También nosotros vivimos muchas veces entre la fe y la duda, entre la esperanza y el miedo. Hay momentos en que creemos con fuerza y pasión… y otros en los que el cansancio, las dificultades o las heridas nos hacen tambalear.

Pero Jesús se sigue acercándo.

Y entonces pronuncia una de las misiones más grandes de toda la historia:
“Id y haced discípulos a todos los pueblos.”

La fe no es algo para guardarla solamente dentro del templo o vivirla en privado. El cristiano está llamado a anunciar, a iluminar, a servir, a llevar esperanza al mundo.

Cada bautizado es enviado.

Quizás no todos predicaremos desde un altar, pero todos podemos evangelizar desde nuestras vidas:
con una palabra de ánimo,
con el perdón,
con la honestidad,
con la caridad,
con el testimonio silencioso de quien vive unido a Dios.

La Ascensión nos recuerda que nuestra mirada debe estar puesta en el cielo, pero nuestros pies deben seguir firmes en la tierra, trabajando por el Reino de Dios.

Y el Evangelio termina con una promesa maravillosa:
“Yo estoy con vosotros todos los días.”

No dice algunos días.
No dice solamente cuando todo va bien.
No dice solo dentro de la iglesia.

Dice: Todos los días.

En la alegría y en la prueba.
En la salud y en la enfermedad.
En la fe fuerte y también en las noches oscuras del alma.

Cristo permanece a nuestro lado y junto a nosotros

Por eso la Ascensión no es tristeza; es esperanza. Jesús vuelve al Padre para abrirnos el camino del cielo y recordarnos que nuestra meta definitiva no está solamente en este mundo.

Hoy el Señor nos invita a vivir con el corazón elevado, sin perder la esperanza, sabiendo que nunca caminamos solos.

Que María Santísima, Madre de la Iglesia, nos ayude a vivir esta misión con alegría y fidelidad.

Amén.

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